Miriam Robles

martes, 8 de abril de 2008

RESTAURAR LO NUEVO
"La única constante es el respeto de las obras. Son las propias piezas, en función de su concepto y de los materiales y las técnicas utilizadas, las que nos indican el tratamiento que seguir". Lo afirma Marie-Noël Challan Belval, conservadora del Museo de Arte Contemporáneo de Montreal (MACM), experta en restaurar obras actuales que son producto de una creatividad basada en la experimentación y la investigación de nuevos soportes y materiales.
"Tradicionalmente el cometido del restaurador no es renovar o actualizar, sino preservar la obra en la forma más cercana a su estado original. La restauración del arte contemporáneo implica abandonar estos criterios y admitir la posibilidad de modificar elementos, recrear partes de la pieza y también aceptar que algunas obras tienen una vida limitada", explica Challan, que ayer pronunció la conferencia inaugural de la XI Reunión Técnica Internacional de Conservación y Restauración, que se celebra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).
Además la desaparición de determinados componentes de una obra puede incluso hacer necesaria su reinterpretación. Es el caso de las esculturas luminosas de Dan Flavin, propiedad del Guggenheim de Nueva York, que están realizadas con neones rojos, un producto industrial muy común en los años sesenta, que ya no se fabrica y del cual el museo está a punto de acabar las existencias. ¿Qué medio actual podría tener el valor metafórico de un tubo fluorescente en 1960? ¿Aceptaría Flavin que el rojo no fuese exactamente el mismo? "Para no encontrarse con estas dudas se debe hablar con el artista mientras vive, para saber lo que en su obra es inmutable y lo que puede variar", indica la conservadora.
Arte con instrucciones
Según Challan, es importante estudiar cada caso individualmente y, si es posible, junto con el artista, sobre todo para las obras con una elevada carga conceptual. "Excluyendo los nuevos medios digitales, que requieren unos protocolos directamente vinculados a la evolución tecnológica, las obras contemporáneas ofrecen una casuística amplísima: desde el arte con instrucciones que se reconstruye en cada exhibición siguiendo un manual preparado por el artista o el conservador, como ocurre con las obras murales de Sol LeWitt y las instalaciones de Thomas Hirschhorn, hasta el uso de materiales inestables a menudo orgánicos y no concebidos para la práctica artística, como las esculturas de chocolate de Dieter Roth", explica Challan, que pone como ejemplo la obra de Roth que se conserva en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, "que tiene gusanos y la pátina blanquecina del chocolate rancio".
En estas situaciones, cada institución debe decidir si intervenir o dejar que el tiempo siga su curso. Es el mismo problema que plantean las montañas de caramelo de Félix González Torres, propiedad del Guggenheim, que el público puede comerse. ¿Qué se debe hacer? ¿Almacenar toda las existencias del tipo adquirido por el artista en 1991, aunque la vejez pueda cambiar el sabor del caramelo o sustituirlo con un producto parecido? "Existe una instalación de Alain Pelletier que incluye órganos en formol que se tiran y reponen en cada exhibición", señala Challan. "Además de la preservación en el tiempo, se dan problemas vinculados al mantenimiento de determinadas obras durante su exposición, como las que incluyen agua o velas encendidas", concluye la conservadora.

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