30 de Marzo de 2008
JUANA DE AIZPURU: ALMA MATER DE LO CONTEMPORÁNEO
El arte contemporáneo en España tiene una deuda con Juana de Aizpuru, galerista y creadora de la feria ARCO y de la bienal sevillana BIACS, inventora de becas, fundadora de la Asociación Española de Galeristas de Arte Contemporáneo, comisaria de exposiciones, miembro de comités internacionales, jurado en concursos y, ahora, medalla de "Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia", reconocimiento que le otorga la Embajada francesa en nuestro país el próximo día 8 de abril.
En 1970, primera galería
Vallisoletana de nacimiento, en 1960 se traslada a Sevilla, donde fundará su galería de arte. Corría el año 1970, y fue "sin ser consciente de dónde me metía". Hoy, rodeada de libros en su despacho, revisando papeles, atendiendo llamadas de clientes, firmando documentos, nos declara: "me he dejado la vida en mi galería". Y es que Juana de Aizpuru es ante todo la galerista, con un aire de pasión que le acerca a los grandes nombres del arte de principios del siglo XX. Con ese aura de modernidad que hace que no pasen los años y que todo lo que toca sea contemporáneo, aun más cuando lleva 38 años como galerista. Es marchante (que no comerciante), amiga de los artistas, ecologista por vocación, con un amor inmenso hacia los animales y contraria a las corridas de toros.
Su primer lugar como agente del arte fue Sevilla, en un local de la calle Canalejas, 10, luego trasladado a la dirección de Zaragoza, 25, hasta que en 2002 cierra la sede andaluza. Pero ya desde 1983, en Madrid, se instala en este primer piso donde tiene su baluarte, la galería de la calle Barquillo, 44, en la céntrica zona de Alonso Martínez.
Sus comienzos fueron a finales de los años sesenta. "Empecé como una discreta coleccionista en Sevilla, donde en esos años no había más que tres coleccionistas: Francisco Ontiveros, una amiga mía americana, y yo misma. Existía la galería La Pasarela, con artistas que rompían con lo académico desde una visión americana. Quique Roldán cerró al cuarto año y los artistas me pidieron que abriera una galería. A los tres meses, inauguré mi propio espacio. Fue inconsciente, pero maravilloso".
En el año 1977 crea la Beca Juana de Aizpuru para artistas andaluces, que durará hasta 1984, con un año de estancia en la Casa Velázquez de Madrid (ahí estará el pintor Ignacio Tovar, quien comenzó su carrera en su galería en 1977, o el joven fotógrafo Gonzalo Puch). Realiza una muestra en El Cairo y Alejandría con obra gráfica de artistas españoles vivos, con Miró, Tàpies, Chillida, Saura, Millares, Mompó,… en el año 1979, por la que recibe la medalla de Bellas Artes del Ministerio de Cultura de Egipto. Ese mismo año viaja por primera vez a la feria de Basilea. Allí, se da cuenta del abismo que existe entre España y lo foráneo, la situación de los coleccionistas, las ferias, los artistas, la información …"Había que hacer algo por incorporarnos al arte internacional, por lo que empecé a pensar en realizar una feria de arte contemporáneo en España".
Juana de Arco, en 1982
Desde 1979 y con la democracia en España, Juana comienza a hablar con instituciones y piensa obsesivamente en una feria de arte contemporáneo. "Comencé a viajar mucho, a conocer a mis colegas y las ferias más importantes del mundo. En Sevilla era imposible, en Barcelona conocía a la persona que efectuó una feria de arte tres años antes, y desistimos. A los pocos meses leo en el periódico que se crea Ifema en Madrid, donde había un ambiente estupendo en esa época". Pero todo fue posible gracias a dos personas, adalides de la entidad ferial: "Adrián Piera y Tierno Galván me apoyaron. Adrián incluso fue a verme a Sevilla, donde le conté el proyecto. Por la noche, cenando, nos inventamos el nombre de arte contemporáneo y, de ahí, ARCO. Empezamos a trabajar a finales del 79 y queríamos hacer la primera feria en el año 81, pero no fue posible. Finalmente se inauguró en febrero de 1982".
Desde el principio fue la directora de la feria. "Fueron tiempos de recorrer y charlar mucho, convencer a los galeristas y darle un toque especial o personal al certamen". Al principio, ARCO va a tener su propia idiosincrasia, un aspecto cultural "sin pretender ser una feria real, pues no existía mercado de arte, ... con actividades culturales que organicé, como los encuentros con directores de museos y críticos, mesas de debates y foros …" La feria de Madrid estaba integrada por el Ayuntamiento, la Caja de Ahorros de Madrid y la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, con Adrán Piera como presidente del Comité Ejecutivo. Este último y Juana Mordó fueron los únicos en apostar a ciegas por la feria. "Mi entusiasmo hizo que ARCO saliera adelante. Fue un esfuerzo de profesionalidad, llamando puerta por puerta. Dirigí la feria durante seis años, hasta 1987, cuando la crítica de la Asociación de Galerías de Madrid y del galerista Fernando Vijande me acusaron de beneficiarme como directora. Dimití y conmigo todo el comité de organización. Rosina Gómez Baeza le dio otro carácter, más anodino y más profesional."
La primera edición se efectuó en el pequeño Palacio de Exposiciones de La Castellana. “ARCO era una feria con mucha personalidad. En la FIAC no pasaba nada, sólo mercado. Aquí el protagonista era el galerista, estaban atendidos, se les preguntaba por sus opiniones y por los artistas que representaban … Los precios de los stands eran contenidos." Esta primera edición de ARCO marcó un antes y un después en el mercado de arte en España. Galeristas como el italiano Lucio Amelio o el hispano-alemán Heinrich Ehrhardt estuvieron entre las 28 galerías extranjeras y 62 nacionales.
En 1970, primera galería
Vallisoletana de nacimiento, en 1960 se traslada a Sevilla, donde fundará su galería de arte. Corría el año 1970, y fue "sin ser consciente de dónde me metía". Hoy, rodeada de libros en su despacho, revisando papeles, atendiendo llamadas de clientes, firmando documentos, nos declara: "me he dejado la vida en mi galería". Y es que Juana de Aizpuru es ante todo la galerista, con un aire de pasión que le acerca a los grandes nombres del arte de principios del siglo XX. Con ese aura de modernidad que hace que no pasen los años y que todo lo que toca sea contemporáneo, aun más cuando lleva 38 años como galerista. Es marchante (que no comerciante), amiga de los artistas, ecologista por vocación, con un amor inmenso hacia los animales y contraria a las corridas de toros.
Su primer lugar como agente del arte fue Sevilla, en un local de la calle Canalejas, 10, luego trasladado a la dirección de Zaragoza, 25, hasta que en 2002 cierra la sede andaluza. Pero ya desde 1983, en Madrid, se instala en este primer piso donde tiene su baluarte, la galería de la calle Barquillo, 44, en la céntrica zona de Alonso Martínez.
Sus comienzos fueron a finales de los años sesenta. "Empecé como una discreta coleccionista en Sevilla, donde en esos años no había más que tres coleccionistas: Francisco Ontiveros, una amiga mía americana, y yo misma. Existía la galería La Pasarela, con artistas que rompían con lo académico desde una visión americana. Quique Roldán cerró al cuarto año y los artistas me pidieron que abriera una galería. A los tres meses, inauguré mi propio espacio. Fue inconsciente, pero maravilloso".
En el año 1977 crea la Beca Juana de Aizpuru para artistas andaluces, que durará hasta 1984, con un año de estancia en la Casa Velázquez de Madrid (ahí estará el pintor Ignacio Tovar, quien comenzó su carrera en su galería en 1977, o el joven fotógrafo Gonzalo Puch). Realiza una muestra en El Cairo y Alejandría con obra gráfica de artistas españoles vivos, con Miró, Tàpies, Chillida, Saura, Millares, Mompó,… en el año 1979, por la que recibe la medalla de Bellas Artes del Ministerio de Cultura de Egipto. Ese mismo año viaja por primera vez a la feria de Basilea. Allí, se da cuenta del abismo que existe entre España y lo foráneo, la situación de los coleccionistas, las ferias, los artistas, la información …"Había que hacer algo por incorporarnos al arte internacional, por lo que empecé a pensar en realizar una feria de arte contemporáneo en España".
Juana de Arco, en 1982
Desde 1979 y con la democracia en España, Juana comienza a hablar con instituciones y piensa obsesivamente en una feria de arte contemporáneo. "Comencé a viajar mucho, a conocer a mis colegas y las ferias más importantes del mundo. En Sevilla era imposible, en Barcelona conocía a la persona que efectuó una feria de arte tres años antes, y desistimos. A los pocos meses leo en el periódico que se crea Ifema en Madrid, donde había un ambiente estupendo en esa época". Pero todo fue posible gracias a dos personas, adalides de la entidad ferial: "Adrián Piera y Tierno Galván me apoyaron. Adrián incluso fue a verme a Sevilla, donde le conté el proyecto. Por la noche, cenando, nos inventamos el nombre de arte contemporáneo y, de ahí, ARCO. Empezamos a trabajar a finales del 79 y queríamos hacer la primera feria en el año 81, pero no fue posible. Finalmente se inauguró en febrero de 1982".
Desde el principio fue la directora de la feria. "Fueron tiempos de recorrer y charlar mucho, convencer a los galeristas y darle un toque especial o personal al certamen". Al principio, ARCO va a tener su propia idiosincrasia, un aspecto cultural "sin pretender ser una feria real, pues no existía mercado de arte, ... con actividades culturales que organicé, como los encuentros con directores de museos y críticos, mesas de debates y foros …" La feria de Madrid estaba integrada por el Ayuntamiento, la Caja de Ahorros de Madrid y la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, con Adrán Piera como presidente del Comité Ejecutivo. Este último y Juana Mordó fueron los únicos en apostar a ciegas por la feria. "Mi entusiasmo hizo que ARCO saliera adelante. Fue un esfuerzo de profesionalidad, llamando puerta por puerta. Dirigí la feria durante seis años, hasta 1987, cuando la crítica de la Asociación de Galerías de Madrid y del galerista Fernando Vijande me acusaron de beneficiarme como directora. Dimití y conmigo todo el comité de organización. Rosina Gómez Baeza le dio otro carácter, más anodino y más profesional."
La primera edición se efectuó en el pequeño Palacio de Exposiciones de La Castellana. “ARCO era una feria con mucha personalidad. En la FIAC no pasaba nada, sólo mercado. Aquí el protagonista era el galerista, estaban atendidos, se les preguntaba por sus opiniones y por los artistas que representaban … Los precios de los stands eran contenidos." Esta primera edición de ARCO marcó un antes y un después en el mercado de arte en España. Galeristas como el italiano Lucio Amelio o el hispano-alemán Heinrich Ehrhardt estuvieron entre las 28 galerías extranjeras y 62 nacionales.
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