LAS TENSIONES DE ARCO 08
Una veintena de galerías españolas presentes en 2007 han sido rechazadas en esta edición. Y un centenar de las que han participado alguna vez en Arco se han visto excluidas de la cita en los últimos ocho años. Todo un mazazo en términos de visibilidad, prestigio y cuenta de resultados.
El temporal por la criba se desató en septiembre, tras conocerse la decisión del comité de selección de Arco. Las galerías rechazadas protestaron con un manifiesto en el que calificaron su exclusión de "atropello". Exigían una cuota de un 50% de galerías españolas en cada edición de Arco: consideraban ésta una feria financiada con dinero público.
La semana pasada reiteraron en una carta abierta su oposición a una medida que corta "una vía de acceso al exterior vital para los creadores plásticos". "Hay artistas emergentes que están en galerías españolas y no van a ser visibles en su propio país", se lamenta Ramón García Alcaraz de My Name's Lolita, uno de los excluidos este año.
Según estimaciones del sector, Arco puede representar entre el 15% y el 20% de las ventas anuales de una galería. Hay quien eleva ese porcentaje hasta el 80%. Carmen de la Calle, que expuso nueve años consecutivos en el certamen y desde hace cuatro no consigue pasar la línea de corte, no mide el perjuicio en términos de facturación, sino por los contactos y el prestigio que aporta.
Mientras tanto, la directora de Arco rechaza de plano el pretendido carácter público de la cita y recuerda que es un consorcio en el que participan la Comunidad, el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio e Industria de Madrid (cada uno en un 31%), además de Caja Madrid (con el 7% restante), y que estas cuatro instituciones forman parte de los órganos de gobierno del recinto ferial. Las ferias no reciben subvenciones: "Arco se autofinancia. Tenemos un presupuesto de siete millones de euros que procede de nuestros patrocinadores y expositores", dice Fernández. Las galerías excluidas también se han quejado de que las decisiones del comité de selección, formados por 12 galerías (ocho españolas y cuatro extranjeras) elegidas por Ifema, no son transparentes ni están suficientemente razonadas.
El temporal por la criba se desató en septiembre, tras conocerse la decisión del comité de selección de Arco. Las galerías rechazadas protestaron con un manifiesto en el que calificaron su exclusión de "atropello". Exigían una cuota de un 50% de galerías españolas en cada edición de Arco: consideraban ésta una feria financiada con dinero público.
La semana pasada reiteraron en una carta abierta su oposición a una medida que corta "una vía de acceso al exterior vital para los creadores plásticos". "Hay artistas emergentes que están en galerías españolas y no van a ser visibles en su propio país", se lamenta Ramón García Alcaraz de My Name's Lolita, uno de los excluidos este año.
Según estimaciones del sector, Arco puede representar entre el 15% y el 20% de las ventas anuales de una galería. Hay quien eleva ese porcentaje hasta el 80%. Carmen de la Calle, que expuso nueve años consecutivos en el certamen y desde hace cuatro no consigue pasar la línea de corte, no mide el perjuicio en términos de facturación, sino por los contactos y el prestigio que aporta.
Mientras tanto, la directora de Arco rechaza de plano el pretendido carácter público de la cita y recuerda que es un consorcio en el que participan la Comunidad, el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio e Industria de Madrid (cada uno en un 31%), además de Caja Madrid (con el 7% restante), y que estas cuatro instituciones forman parte de los órganos de gobierno del recinto ferial. Las ferias no reciben subvenciones: "Arco se autofinancia. Tenemos un presupuesto de siete millones de euros que procede de nuestros patrocinadores y expositores", dice Fernández. Las galerías excluidas también se han quejado de que las decisiones del comité de selección, formados por 12 galerías (ocho españolas y cuatro extranjeras) elegidas por Ifema, no son transparentes ni están suficientemente razonadas.
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