Miriam Robles

sábado, 23 de febrero de 2008


23 de Febrero

LAS PARADOJAS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

Un grupo de ocho destacados intelectuales, profesionales y artistas participó el pasado viernes 15 de febrero en la mesa redonda organizada por EL PAÍS en el VI Foro Internacional de Expertos en Arte Contemporáneo durante la feria madrileña Arco. El escritor y académico Antonio Muñoz Molina actuó como moderador planteando varios de los puntos de una discusión en la que tomaron parte los artistas Eduardo Arroyo, Jaume Plensa, Soledad Sevilla y Sergio Prego. Junto a ellos, el crítico de arte Francisco Calvo Serraller, la curator internacional Carmen Giménez y el director de La Casa Encendida, José Guirao.
La mesa fue planteada en torno a la relación entre el artista y el público. Es decir, cómo llega el artista al público y cómo el público también se educa en su apreciación del arte. Antonio Muñoz Molina quiso empezar enumerando unas cuantas paradojas descriptivas del arte contemporáneo, algunas de ellas universales, otras europeas y otras específicamente españolas, que lo definen. "La primera es que en arte la ruptura es la norma. Paradoja que plantea sus problemas, porque, para rebelarte contra algo, tienes que hacerlo contra un poder, que en este caso se ha disipado. Además la provocación requiere un establishment fuertemente establecido de gente dispuesta a sentirse provocada y escandalizada".
"La segunda paradoja es que en vez de que la explicación nazca a partir de la obra, en muchos casos es la obra la que nace de la explicación. E incluso la explicación llega a cobrar más importancia que la obra, y en muchas ocasiones hasta llega a sustituirla. En la Bienal de Venecia de 2003, el Pabellón de España consistía en que no se podía entrar al Pabellón de España, en el cual no había nada. Y la próxima Bienal de São Paulo es una bienal en la que sólo hay explicación, no hay obras".
"En tercer lugar, dado que la obra no habla por sí misma, sino que depende de la explicación, es muy importante quién da la explicación. Y aquí se produce también otra inversión, porque muchas veces la estrella no es el artista sino el explicador: el comisario, lo que llaman el curator", continuó Muñoz Molina. "La siguiente paradoja es que el museo es anterior al artista. Antes había una ecología del coleccionismo y del museo, que consistía en que había coleccionistas privados que compraban cuadros en las galerías, se arriesgaban; con el tiempo, esos coleccionistas legaban esas obras que habían comprado a los museos, ese tiempo había llevado a cabo un filtro, y el museo era el resultado final de ese proceso. Ahora, curiosamente, en muchos casos el artista existe porque existe el museo, porque, y hablo concretamente del caso de España, hay tantos museos de arte contemporáneo que es necesario llenarlos de artistas, de artistas que vayan acompañados de su explicación y de su correspondiente legitimación de esa explicación".

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