Miriam Robles

sábado, 23 de febrero de 2008

LA ESQUIZOFRENIA DEL ARTE
Se supone que es en el marco de las nuevas relaciones sociales en las ciudades modernas donde florece la libertad creativa del artista y se da el desarrollo de la investigación estética que conllevará la progresiva disolución de los conceptos de Belleza y representación. El arte, durante el siglo XIX, y a pesar de los progresos aún incipientes de la imagen fotográfica y de la imagen impresa, continuaba reinando en el universo de la cultura visual general. Era aún el referente y la expresión más interesante de todo aquello que podía expresarse a través de la imagen, el centro de las miradas. Hasta que apareció el cine y se perfeccionó la fotografía. El arte entonces pareció encontrar una adecuada salida a su progresiva pérdida de sentido social en el ejercicio de la crítica del poder, entendido éste como una estructura cuyo basamento se halla en los patrones de conducta conservadores. Hacia éstos se dirigían los ataques de las más beligerantes vanguardias de principios del siglo XX, ésas que vieron su simiente crecer en los movimientos plásticos de los sesenta y setenta.
Pero ya en los años ochenta pareció el arte haber renunciado a sus ínfulas transformadoras de la realidad social, vencido por la televisión y la mercadotecnia. Desde entonces, parece cada vez más desesperado por insertarse en el nuevo Sistema, éste en el que vivimos, regido por el mercado. Tal como se expresan en el arte de hoy, las preocupaciones sociales y políticas, el espíritu crítico, parecen, en su sobreabundancia y abuso de clichés, meros reclamos que no llegan siquiera a alcanzar la eficacia visual de una campaña publicitaria cualquiera. Con el manoseado pretexto de dinamitar el Sistema desde dentro, el arte ha buscado un nuevo engranaje al que someterse.

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